viernes, 14 de noviembre de 2014

Tengo un problema, supongo que como problema tiene solución, así que no me preocupo mucho, no más de lo necesario. Llevo un año y algún mes trabajando en un centro joven. Me encanta. Pero me gustaría que lo usasen más jóvenes. Que fuese un torbellino de actividad, que creciese según pasasen los días. El centro tiene todo lo que debe tener un centro de este tipo. Espacio para la reunión,video-juegos, cooperativa de libros,  actividades y talleres, conferencias, sala de ordenadores y aula de internet, participación en eventos y celebraciones de la localidad, formación..... Necesito crear un plan estratégico para que el centro llegue a todos los jóvenes. No paro de pensar en posibles estrategias atractivas, pero para eso necesito que la gente joven se ponga en contacto conmigo y que me diga que es lo que realmente le gusta. Me encantaría diseñar con ellas y ellos su ocio, partiendo de una base real de necesidades. 




Me gustaría escribir esta noche todos los poemas que he pensado alguna vez en la vida mientras me fumaba un cigarrillo de liar en la puerta del castillo de mi pueblo esperando a que viniesen grupos de visitantes, disfrazada de bufón. La gente me sonríe cuando me ven ahí disfrazada, juego con ellos a máquina del tiempo. A meternos en otra época.

Sigo teniendo un problema. Pero bueno, hoy sólo es uno. Es una suerte. 

Dedicado a Santiago Escobar Gómez, profesor de filosofía. Me encantaría tomarme un té con él ahora que entiendo bien el empirismo. Ya no me suena a "vampiros", Santiago. Él me enseñó la definición de problema, y que son cosas por las que no hay que preocuparse mucho, porque tienen solución. Si no tienen solución, no son problemas.


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